Alrededor de 200 millones de personas en todo el mundo padecen cardiopatía isquémica (CAD), que se produce cuando los vasos sanguíneos que irrigan el corazón se estrechan u obstruyen por la acumulación de placa [1]. Además de visualizar las arterias coronarias mediante radiografías o angiogramas, los médicos pueden optar por realizar pruebas adicionales para evaluar la conveniencia de recurrir a la intervención coronaria percutánea (ICP) para tratar la obstrucción. Utilizando un sensor de presión en miniatura en el extremo de un fino cable, el médico mide la caída de presión causada por el estrechamiento de la arteria, lo que ayuda a identificar si el paciente requiere sólo medicación o necesita un stent para abrir la arteria y mejorar el flujo sanguíneo.